ESPANHOL

COMUNICADO EN DENUNCIA DE UNA AGRESIÓN

YA BASTA DE AGRESIONES MACHISTAS!!!

La razón de este escrito es la necesidad urgente de convertir lo privado en público, lo social en político. La necesidad urgente de una respuesta política real y efectiva contra las agresiones machistas que sufrimos las mujeres a diario.

En el verano de 2015 una mujer, que podría ser cualquiera de nosotras, sufrió una agresión machista en un espacio lúdico festivo nocturno, o sea, social, o sea, político. Así se lo manifestó al agresor que la cuestionó y se burló repetidamente de su protesta.

Esta mujer sintió que ya era suficiente, que todas las agresiones importan. Volvió público lo privado y le dio la importancia debida a las actitudes intolerables que todas sufrimos. Decidió que ese día era el día de poner nombres y apellidos a las agresiones machistas. Nos organizamos y apoyamos una respuesta colectiva. Le pusimos cuerpo a la sororidad. Y este hecho, sin pretenderlo, alteró y descolocó el panorama de los movimientos sociales de izquierdas en la ciudad, afectando a muchas relaciones grupales y personales.

En ese momento explicamos nuevamente lo que es la violencia machista. Que la violencia estructural se sustenta en las violencias cotidianas. Que no es una cuestión del lugar donde se le pone la mano a otra persona, sino que se trata de una cuestión de consentimiento. Hubo que repetir tales explicaciones y defenderlas, porque señalamos hacia un hombre que participa en los movimientos sociales alternativos de izquierdas. Si él participase en colectivos de otro tipo, seguramente las personas que condenaron nuestra respuesta la habrían apoyado sin cuestionar nada.

Durante todo ese tiempo vimos como una agresión colocada encima de la mesa de debate en forma de manifiesto fue reiteradamente cuestionada, desacreditada y sacada de contexto con versiones alejadas del texto original de la respuesta colectiva. Sufrimos repetidamente violencia misógina en las calles y las redes sociales. Nos llamaron histéricas, feminazis, resentidas. Fuimos interrogadas, cuestionadas e insultadas. Por el contrario, asistimos a la fraternidad entre hombres y vimos cómo a partir de ella se construía un movimiento de defensa del agresor. Muchas personas concluyeron que tenían autoridad para decidir que lo que una mujer vive como agresión machista no lo es.

Nuestra respuesta y denuncia pública se creó buscando una conciencia feminista a través de la reflexión personal y colectiva en el seno de los movimientos y personas que nos declaramos feministas. Por eso, reivindicamos reflexión colectiva y un debate público sobre lo que intencionadamente se nos enseña que es privado.

Pero la reacción personal y colectiva a este llamado público se convirtió en una guerra y, como tal, irracional. A Suso Sanmartín le reclamamos una disculpa pública por una actuación que nunca negó realizar, pero que nunca reconoció como agresión. Antes de publicar el manifiesto, invitamos a la reflexión a los colectivos donde este hombre –que podría ser cualquier otro– milita activamente. Se pidió que se recriminase tal actitud y que eso diera lugar a un posicionamiento. Los colectivos respondieron en diferentes grados pero ninguno de forma satisfactoria.

Reclamamos saber que nuestros supuestos compañeros de lucha en tantos otros temas también son capaces de renunciar a sus privilegios y de comunicarse con nosotras cuando lo exigimos. Reiteramos que la izquierda política y social sólo es tal cuando las personas que la sustentamos estamos dispuestas a revisarnos y renunciar a nuestros propios privilegios. Un ejercicio imprescindible cuando se trata de demoler el poder.

En el verano de 2015 decidimos retirar el foco del agresor y colocarlo en el debate público y en la acción política sobre las agresiones machistas, sus consecuencias y cómo afrontarlas para erradicarlas de nuestras vidas y espacios de participación política. Nosotras así hicimos y asumimos física y emocionalmente un proceso de construcción de autodefensa y de creación de alternativas al estatus quo machista. Lo hicimos y continuamos haciéndolo.

Pero en el pasado invierno el agresor en cuestión presentó una denuncia por “injurias a su honor” contra varias de las 186 firmantes, demostrando su voluntad de trasladar el debate político al terreno judicial; delegando un conflicto que debería abordarse en asambleas y espacios de reflexión y debate a instituciones que carecen de herramientas válidas para luchar contra la violencia patriarcal y que, en todo caso, no reconocemos como autoridades para decidir lo que es o no una agresión machista y cómo debemos responder ante ella. Quedó clara también la vigencia de los primitivos códigos de honorabilidades, esos que, durante siglos, encubrieron los tratos más vejatorios contras las mujeres, su objetualización y su uso.

Como resultado, este verano las mujeres denunciadas son llamadas a un acto de conciliación judicial en el que el individuo solicita 15.000€ y el perdón y ratificación pública de todas ellas. No aceptaremos ningún tipo de falsa conciliación. Nuestra lucha transita por otros lugares.

La denuncia de una agresión machista en un ambiente de proximidad evidencia hasta qué punto la violencia machista es un problema estructural de la sociedad sustentado por el consentimiento social. Las agresiones a las mujeres están tan interiorizadas en todas las personas que se vuelven invisibles incluso para quien cree estar alerta en todo momento. Urge un debate político en profundad sobre la violencia machista y las múltiples formas en que se manifiesta. Urge pensar a quién beneficia y de quién son cómplices aquellos que participan de la criminalización del movimiento feminista como única respuesta a la violencia sutil, soterrada y cotidiana. La denuncia por injurias al honor de un agresor contra 186 firmantes de un comunicado que visibiliza una agresión, ¿a quién beneficia?, ¿de quién es cómplice?

La demanda de 15.000€ por los daños contra la honra por parte del agresor y su juego de ponerse en el papel de víctima, ¿dónde coloca el debate sobre las agresiones y la violencia machista?

Con este proceso estamos viviendo las consecuencias de declarase feminista y actuar ante las agresiones. Pero, como todas las mujeres que a lo largo de la historia combatieron el poder y respondieron contra la violencia patriarcal, es para nosotras una necesidad vital y política dar una vez más una respuesta colectiva firme, desde la sororidad con la mujer agredida y también con todas aquellas que tuvieron que enfrentar diferentes agresiones durante este proceso de denuncia pública. Si tenemos que ir a juicio, iremos a juicio, pero no vamos a dar un paso atrás en este camino que estamos seguras de recorrer.

Frente a la victimización del agresor, la dignidad de las agredidas, el derecho a responder.

Frente a la “honra” de los agresores, la ira de las feministas, nuestro derecho a la autodefensa.

Frente al silencio y la complicidad ciega con las violencias cotidianas, las voces que las nombran.

Continuaremos ejerciciendo nuestro derecho irrenunciable a la autodefensa frente al machismo y sus cómplices.

YA BASTA DE AGRESIONES MACHISTAS!!!

SI TOCAN A UNA, RESPONDEMOS TODAS!

En la defensa del derecho de las mujeres a vivir sin violencias y a responder ante cualquier tipo de agresión. En sororidad feminista en apoyo a las mujeres y colectivos denunciados.

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